Sin justicia para cualquiera de los sexos no hay feminismo

Me frustra cuando veo que el sentido real del movimiento feminista se mal entiende o deliberadamente se distorsiona para atacarlo; para degradarlo. Posiblemente, tanto mujeres como hombres feministas, hemos fallado al no enfatizar su verdadero sentido; ser feminista es comulgar con la justicia, el respeto mutuo, la civilidad ―entendida como el bienestar y el bien común― y la dignidad humana. Por lo tanto, a menos que seas un depredador al estilo Donald Trump, no podrías objetarlo.

Es verdad que hay diferentes abordajes feministas que van desde lo más radical hasta lo más incluyente, pero todos convergen en una lucha por reivindicar y garantizar la igualdad en el acceso a los derechos y las oportunidades.

Mi forma de comprender el feminismo es inclusiva y conciliadora, es decir; invariablemente me veo, y veo a lo que me rodea; individuos, parejas, familias, sociedad y sus circunstancias desde una perspectiva de género. La perspectiva de género es lo que permite identificar y analizar las desventajas históricas, físicas o sociales de cualquiera de los sexos. Con ello se distingue lo que privilegia a uno/una y oprime al otro/otra y, consecuentemente, permite compensarlas esas desventajas.

Enfatizo en “cualquiera de los sexos” porque la perspectiva de género conlleva un profundo sentido ético. Si tergiversamos los hechos para tomar ventaja y agredimos ―aunque sea de la manera más sutil― a cualquiera de los sexos en base a su género, eso no es feminismo; porque el feminismo hace justica a ambos sexos y a cualquiera de sus géneros.